felices fiestas

Por: Marino Millán

Nuestros barrios de Cali perdieron su naturaleza al convertirse en pequeños centros comerciales. En las antiguas residencias se instalaron: peluquerías, salas de internet, restaurantes, ferreterías, clínicas veterinarias, estancos, pequeños supermercados y un sinnúmero de establecimientos, que otrora tenían lugar en zonas específicas como el llamado “centro”.

Ni hablar de las calles y andenes donde pululan al aire libre, las ventas de arepas, sancocho, ternera a la llanera, papas rellenas y empanadas, chuzos, chorizos y toda clase de fritanga.

Atrás, en el recuerdo, quedó aquel vecindario que en las venteadas tardes caleñas sacaban al andén sus sillas o taburetes para compartirse sus penas y alegrías.

Los semáforos están invadidos de vendedores ambulantes que ofrecen: lulos, naranjas, limones, papayas, sandias, chontaduro, manga poma, galleta costeña, jugos y cargadores de celulares entre otros. Sin olvidar a los maromeros de diferentes nacionalidades que a cambio de una moneda nos brindan una paupérrima y riesgosa versión callejera del Circo del Sol a la colombiana.

¿Mueren las tradiciones?

Para nada, es la imposición de la economía del rebusque. Esa, a la que todos estamos abocados para poder pagar las desmesuradas mensualidades de los colegios o semestres de las universidades de nuestros hijos, ya que los bajos salarios y la carga impositiva, no nos lo permite.

Perder el trabajo significa quedarse “varado” por años, independiente del nivel académico o estudios realizados. El pensionado se convirtió en objetivo militar de nuestros gobiernos; como si no se tratara de un ahorro que hicimos durante muchos años sin recibir un peso de intereses en toda nuestra vida útil como empleados o trabajadores.
La clase media que un día compró con esfuerzo un vehículo para pasear los fines de semana con su familia, debió convertirlo al diario servicio público por medio de las aplicaciones, que compiten con los taxistas, pobre gremio. Azotado por el valor millonario de un cupo que sobrepasa el precio de su auto, más la serie de seguros obligatorios que deben pagar para poder circular en procura de su sustento.

Una persona mayor de cuarenta años de edad, es considerada vieja y las opciones de ser contratado se reducen a ninguna; mientras los corruptos congresistas no tienen tope de edad para ser elegidos y pueden ser reelegidos de manera consecutiva indefinidamente.

El tema no es de derecha ni de izquierda, es de igualdad. Y la igualdad no consiste en que los ricos tengan que repartir sus bienes con los pobres, en absoluto. Es igualdad de oportunidades.

Oportunidades: de trabajo, estudio, vivienda, salud, seguridad y bienestar. Después veremos quienes se hacen ricos o siguen igual de pobres. Que todo dependa del esfuerzo personal, pero en igualdad de condiciones.

Les deseo una feliz navidad y un venturoso año 2020. Bendiciones.