Colombia Oro y paz.

Columna - Sprint final

Por: Marisol Toro Valencia - @MTVCiclismo

El desafío apenas comienza… 

Tras una semana de auténtico ciclismo profesional en territorio colombiano, las impresiones son variadas y en su mayoría positivas.

 Una vez se dio vía libre desde la Unión Ciclística Internacional a la realización de una carrera de categoría 2.1 en nuestro país, la expectativa por el compromiso adquirido y lo que pudiera lograrse no se hizo esperar. El reto estaba en corresponder a la imagen sembrada por nuestros escarabajos en territorio internacional.

El respaldo de figuras de primer nivel como Rigoberto Urán, Nairo Quintana, Fernando Gaviria, Egan Bernal, Sergio Luis Henao, Jarlinson Pantano, Darwin Atapuma, entre otros, incrementó la esperanza de un espectáculo sin precedentes en la historia del ciclismo nacional. Pues además de su calidad, podríamos disfrutar de la presencia de algunas de las escuadras, adscritas a la primera categoría del ciclismo mundial.

Ocho días después y con grandes momentos en la retina, es posible decir que la carrera Colombia Oro y Paz (2.1) cumplió con sus objetivos principales y dejó retos importantes para nuestro ciclismo.

Foto: colombiaoroypaz.com.co

La calidad de nuestros ciclistas desbordó el fervor de una afición que años atrás veía casi imposible el hecho de vivir este tipo de duelos en carreteras nacionales. Esto a su vez, se convirtió en un aliciente para éstos hombres, que con lo mejor de sus pedaladas nos han representado a lo grande en el mundo y que tal vez no alcanzaban a dimensionar el afecto que el público colombiano guarda por ellos.

Los equipos y los corredores nacionales encontraron la posibilidad de exhibirse al mundo, sin necesidad de salir de casa, y la oportunidad de medir sus fuerzas, en un duelo que deja nuevos horizontes, plantea otros compromisos, motiva a seguirse fortaleciendo y porque no, a buscar fogueo en otras carreras de la misma categoría, de cara a la siguiente edición.

La nueva generación de ciclistas colombianos nos ha permitido una vez más agotar los calificativos para tratar de definir sus capacidades y se han convertido en los grandes protagonistas de la carrera con el apoyo impecable de sus equipos. Parte de ese grupo del “futuro” son Egan Bernal y Fernando Gaviria, con 21 y 23 años respectivamente. El primero, flamante campeón de la carrera, el mejor joven y mejor escarabajo. El segundo vencedor y líder de tres etapas consecutivas al embalaje, campeón de la clasificación de puntos y protagonista hasta la última jornada. Ambos, hacen ver fácil la forma de hacer ciclismo en sus especialidades y dejan siempre la sensación de no tener límites.

A este panorama se suma el buen arranque de temporada que han mostrado Nairo Quintana, Rigoberto Urán y Sergio Luis Henao, los hombres del presente, quienes aún tienen mucho ciclismo por regalarnos y no escatiman esfuerzos en permanecer como inspiración para las nuevas generaciones. Y así lo entiende el país y se los hizo sentir en cada vía surcada por la Colombia Oro y Paz.

El recorrido, además de permitirnos valorar y exhibir la belleza de nuestro territorio, se convirtió en ese toque especial para el vibrante duelo por el título que nos mantuvo en vilo hasta la última línea de meta fijada en Manizales. Las etapas planas permitieron el deleite de una especialidad poco común en nuestro territorio y las de montaña se convirtieron en el punto culminante, donde los nuestros brillaron de manera extraordinaria.

Las buenas sensaciones también permiten reflexiones. La primera edición de la Colombia Oro y Paz ha sido un éxito, más allá de lo que deba implementarse o mejorarse, pero el desafío está en posicionarla y mantenerla como una de las mejores del continente, este auge debe desencadenar un desarrollo en el ciclismo interno sin permitir que se convierta en flor de un día.

Las carreras nacionales, no pueden quedarse en el olvido, ni mucho menos en el punto que han permanecido por años, deberían ser el espacio ideal para el descubrimiento y la promoción de nuevos talentos, no solo de las regiones tradicionales, también en otros departamentos que hasta ahora, han visto desvanecer en el olvido, su sueño de destacarse en el ciclismo local. Ciclistas como Álvaro Hodeg y Nelson Soto, son muestra del enorme y diverso talento que existe en Colombia, desvirtuando la idea de producir únicamente escaladores.

La semilla se ha sembrado, este evento nos ha permitido escalar otro peldaño en la aspiración de convertirnos en una verdadera potencia del ciclismo mundial. Ahora depende de todo el país ciclístico, encabezado por sus dirigentes, que siga dando frutos de calidad, porque no se trata únicamente de reunir esfuerzos para una sola semana, o de maquillar las falencias con la realización de eventos internacionales, se trata de mostrar evolución en cada edición y esto aplica para cada uno de los campos que confluyen para garantizar la calidad de dicho certamen.