Por si acaso...

MAROColumna De Taquito Con Marino
Por: Marino Millán - @marinomillan

 

Sería imposible pretender que el fútbol a través de sus seguidores fuera diferente a la vida cotidiana de un país. La pasión que genera este deporte como ninguno otro, raya hoy en los extremos de intolerancia casi que en todas las ciudades de Colombia.

 

 

En un estadio se reúnen todas las clases sociales y las manifestaciones no son en nada diferentes al carácter de las noticias que se publican en los diarios, emisoras o la televisión. Hay que reconocer que por más que amemos a nuestra patria la violencia, el zaqueo, la desigualdad e intolerancia pululan en cada escenario de la vida nacional.

No es esta la justificación a las centenas de vándalos que ya no se limitan a causar pánico localmente, sino que hasta llegan al exterior disfrazados de hinchas a ultrajar y robar a transeúntes y centros comerciales o miremos lo acontecido hace pocos días en el Perú, donde como dirían algunos “les fue como a perros en misa”.

La diferencia estriba en el tratamiento de las autoridades competentes o incompetentes para el caso, que hasta sobreprotegen en nuestro medio a estos forajidos destructores de las propiedades privadas y públicas, como si fuera poco agredir los bienes del estado que se construyen con el dinero del trabajo de quienes tributamos al fisco nacional.

Las ridículas sanciones de privarles el ingreso de instrumentos musicales, trapos o papel picado a las tribunas solo causa hilaridad entre los infractores que pueden seguir su marcha delictiva sin que la pena les limite su accionar.

Que interesante sería que los fabricantes del sinnúmero de impuestos que nos ahogan cada día más, fueran semanalmente al estadio con sus esposas e hijos y sin escoltas con camisas diferentes a la del equipo local, para que vean que el fútbol no es como la política, “dinámica”.

POR LO MENOS ASÍ LO VEO YO.